El Picotazo: Cadena alimentaria y gato por liebre

Cada día nos informan sobre las ventajas de las nuevas leyes que controlan o regulan el proceso que hay desde el origen de un producto alimenticio hasta que llega al consumidor final. Personalmente creo que los productores, consumidores y las administraciones que son competentes en este proceso vamos mil leguas por detrás de las grandes empresas de la distribución y de las multinacionales.

Aunque no parece que tenga nada que ver, hace unos meses nos hemos quedado atónitos  al saber que  este será un país en el que para poner un panel fotovoltaico al sol en la casa de cada uno o en su empresa  habrá que pagar un impuesto. En realidad lo describen de otra forma, para que no parezca tan evidente,  pero si las grandes empresas productoras de energía se alían con el gobierno y  se atreven a ponerle un impuesto al sol en España, ¡ a que no se atreverán!. Cualquier día patentan el fresco de la noche y el agua de botijo, para salir a tomar el fresco y disfrutar de la noche, o beber agua fresca del botijo en el pueblo, haya que pagarles a ellos.

Algo parecido pasa con todo el tema del etiquetaje y la cadena alimentaria. ¿Alguien cree que es casual el tamaño de la letra de las etiquetas en los alimentos? Tienen el tamaño ideal para que pasen desapercibidas o cueste mucho, mucho leerlas.

Para poner un ejemplo comento lo ocurrido con un edulcorante. Se empiezan a generalizar las bondades de un edulcorante natural, casi sin calorías tolerado por los diabéticos e incluso dicen que con efectos positivos para estos enfermos, procedente de una planta que se llama Stevia (por cierto una alternativa de cultivo muy interesante en algunas zonas). Su poder de endulzar es según los científicos entre cien y trescientas veces el del azúcar. Las empresas que dominan el mercado de los edulcorantes y tienen las patentes de otros edulcorantes se pusieron en pie  de guerra para evitar o retrasar  la legalización para el consumo generalizado. Perdida parcialmente esa batalla, parece que ahora quieren  hacerse con el negocio, lo cierto es que a día de hoy la mayoría de los edulcorantes que se venden como Stevia – con un nombre bien grande en el envase- tienen el 1% de este producto y el 99% de otros (Eritritol, aspartamo, ciclamato, entre otros) con lo que nos acaban dando gato por libre.

Esto es solo un simple ejemplo de las cosas que andan por ahí autorizadas y vendiéndose  en el borde de la legalidad o directamente riéndose del espíritu de la ley y de directivas comunitarias según las cuales, es fundamental que todas las industrias alimentarias respeten el principio básico de la información alimentaria.” No se debe inducir a error a los consumidores sobre las características de los alimentos”.

Por eso si en las hamburguesas aparece carne de caballo y no te lo habían dicho, mala suerte, si se permiten poner en etiquetas casi invisibles de helados tartas yogures, natillas, flanes, algo como “derivados lácteos” que debemos entender ¿leche en polvo, lacto sueros, leche en polvo desnatada? ¿Esos derivados lácteos serán de leche de vaca? ¿De cabra?, ¿de oveja?, ¿de yegua?, ¿de leche de alguna  otra especie  de mamífero que se supone que es una hembra? Me temo, que en realidad podemos entender cualquier cosa menos “leche fresca de vaca”,  ya que si así fuera lo pondrían con letra bien grande.

Cuando  la palabra “envasado en”  va muy grande en la etiqueta y el origen real del producto cuesta verlo,  en realidad es que están queriendo que creas que compras algo cercano y conocido mientras te venden algo lejano y tal vez de dudosa calidad. Así nos pasa con el esparrago envasado en Navarra, pero que es de la conchinchina,  el queso que parece manchego, el jamón que no se sabe muy bien de donde es pero dice “es de bellota” etc etc.

Muchos estamos preocupados en el campo -y es lógico que así sea- de que los industriales nos paguen un precio justo y en el plazo establecido nuestras ventas como agricultores y ganaderos; pero no deberíamos olvidar tampoco que los consumidores son nuestros aliados y no deberíamos tolerar que unos productos que salen sanos y de calidad de las explotaciones se conviertan en guarrerias varias de camino hacia la mesa del consumidor final y también la nuestra, ya que también somos consumidores.

Las autoridades no sabemos por qué pero podemos imaginarlo……. Parecen cada vez más complacientes, o más distraídas, o ponen cada vez menos funcionarios a vigilar, algunas parecen haberse especializado en “no darse cuenta” de muchas cosas que deberían vigilar, o cambiar legislativamente.

Por otra parte  los procedimientos administrativos y judiciales son largos y tediosos,  las multas que se imponen a los defraudadores son leves, en comparación con el beneficio de saltarse la ley y los despachos de abogados de las grandes empresas y corporaciones que venden alimentos elaborados, son de los que se suponen mas reputados, o mas caros – como ustedes prefieran-.

Estaría bien que no tengamos que ponernos todos a hacer una tesis doctoral,  para saber hasta dónde llega la picaresca o la sinvergonzonería  de algunos.

Deberíamos exigir a las autoridades que pongan multas ejemplares a los fraudulentos, ya que ellos no tienen ningún respeto por  el producto del agricultor o ganadero, ni  por  la cartera del consumidor  y en algunos casos ni si quiera  por su salud.

Buena semana a todos

 

 

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