Cuando vinieron a pedirnos el voto a los pueblos, en las últimas elecciones, no nos dijeron nada de cerrar las urgencias médicas, ni los servicios sociales de los ayuntamientos, ni que no se fueran a mantener las carreteras locales en buen estado, ni otras muchas cosas que están pasando.

Aunque los recortes se están aplicando en muchas áreas, lo cierto es, que no quitaran el metro de Madrid, o los autobuses de Barcelona, pero muchos autobuses  de línea o escolares, en las zonas rurales dejaran de funcionar.

 Hay ciertos servicios básicos, de salud, transporte, educación, que si bien se dice que deben estar garantizados para todos los ciudadanos; siempre han estado “más” garantizados  para los ciudadanos urbanos que para los rurales.

La dispersión en las zonas rurales pone una  mayor dificultad económica a la hora de sostener  determinados servicios, de comunicación, de formación, sanidad, incluso de ocio etc, Esto ha sido siempre un limitante para los que somos ciudadanos rurales, y una razón para el propio abandono de estas zonas, por muchas personas especialmente, por la gente más joven.

Tenemos que tener en cuenta además, que las gentes de las zonas rurales,  por lo general, tenemos  unas rentas más bajas y mayor dificultad para poder comprar determinados servicios,  si disminuye  o desaparece la oferta pública de los mismos. También se olvidan con frecuencia otras  circunstancias, como que un mayor envejecimiento de la población supone una mayor dificultad para desplazarse, y una mayor demanda de asistencia medica, por lo que la cosa se agrava.

 Por eso con  esta crisis, lejos de reducirse las ya notables  diferencias entre ciudadanos urbanos y rurales, éstas se agrandan y se profundizan,  aumentando el número de ciudadanos que pasamos a ser “de segunda clase” a la hora de  obtener los mismos servicios que los demás.

Mucho se les “llena la boca” a nuestros políticos, cuando afirman  que tenemos que tener igualdad  de derechos y obligaciones todos los ciudadanos españoles; pero el argumento lo usan como arma arrojadiza, frente a los nacionalismos, o frente a  la materialización de hechos diferenciales entre territorios de distintas comunidades autónomas.  Sin embargo  se les olvida que, dentro de cada una de esas comunidades hay dos clases de ciudadanos los urbanos y los rurales.

Están los que pueden  mandar a sus hijos a la universidad con un bono metro y comen cocido en casa; y los que tienen que pagar un colegio mayor en la capital, si se lo pueden permitir y si no es así  y no hay becas;  pues ¡a fastidiarse¡ y esto es sólo uno de los múltiples ejemplos que pueden ponerse

No debería olvidarse en las actuales circunstancias de crisis económica a la España rural y a sus gentes. Porque si no se las hará doblemente “paganas” de los rigores de esta crisis. 

En el medio rural, no queremos ser ciudadanos de primera clase para las obligaciones y de segunda clase para los derechos.

 

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