En política, cuando hay democracia,  ignorar los problemas  y buscar  la comodidad se paga, como en los demás ámbitos de la vida,  si a eso se une la prepotencia en la actuación frente al ciudadano, con mayor motivo.

Ahora que nos dirigimos hacia el final de  la legislatura, tras las últimas elecciones municipales y autonómicas se puede hacer balance de lo que se ha hecho y queda aún por hacer.

En el sector agrario no podemos decir que tenemos una ministra vaga, porque no lo es, además es que ese ministerio  ha dejado de ser “pequeño” desde que asumió además de la agricultura y la pesca, las competencias de la alimentación y el medio ambiente. Por otra parte esa cartera ministerial es de las que obliga a tener una agenda permanente en Bruselas,  lo que impone a su vez  a gestionar en permanente movimiento y bajo una importante presión.

Sin embargo, tengo la impresión de que su titular,  García Tejerina, está instalada  en un afán de hacer cosas que se suponen muy importantes mientras que se ha olvidado de lo fundamental en política,  que no es otra cosa que tener razonablemente satisfecho al administrado.  Quizás por la presión o vaya usted a saber porqué, Tejerina se ha ido instalando en una permanente actitud de soberbia, muy frecuente en nuestra clase política y más aun en tiempos de mayorías absolutas como es el caso.

Cuando la actitud ante los problemas  del día a día,  es la de: no me molestéis con pequeñeces que estoy haciendo cosas más  importantes, malo. Sobre todo si esas cosas importantes -como no sean salir injustificadamente en los medios de comunicación- no se sabe muy bien cuáles son,  porque tras la aprobación definitiva de la reforma de la  Política Agrícola Común (PAC) en ese ministerio,  se han mal-cerrado los proyectos legislativos  iniciados por  Arias Cañete y no se ha resuelto bien ninguno de los problemas que han surgido en la legislatura.

Viejos y nuevos problemas

Sigue abierto y sangrando el problema del sector lácteo; el veto ruso, ninguneado en primera instancia por ese ministerio, ha supuesto un varapalo para un sector que  estaba  ya “tocado” como el de la fruta dulce pero no se ha sabido afrontar,  ni conseguir que la Comisión Europea tomase medidas contundentes;  el sector del vino y del aceite ha recibido un fuerte mazazo en el bolsillo de sus productores,  por más que se nos venda que las exportaciones -lideradas por cuatro grandes industriales y algún fondo buitre - hayan salido beneficiados de ello…. Las rentas agrarias han caído y el grado de satisfacción del administrado, vistos los comentarios de los casinos de los pueblos (funcionan mejor que el CIS) y los resultados electorales en una buena parte de la España más rural,  no son como para tirar cohetes.

Tampoco se han resuelto ninguno  de los problemas  históricos del campo español como pudieran ser la realización de una planificación a medio y largo plazo en materia de regadíos, el rejuvenecimiento del sector agrario -aunque Bruselas ha impuesto la obligatoriedad de dedicar más fondos a esto-  No se ha querido o sabido negociar un marco fiscal estable que permita afrontar inversiones a largo plazo,  que evite  pagarle a hacienda las explotaciones familiares cada  tres generaciones. No se ha abordado un plan de financiación estable para el sector, que resulta más que necesario…. Y si, si  se han decido dar algunas pinceladas en el tema de los intermediarios a través de la Ley la Cadena Alimentaria, y alguna otra actuación que inicio Arias Cañete pero esos buenos propósitos,  llevan camino de quedarse en agua de borrajas,  con los últimos retoques que les dieron a las  leyes, con los  recursos judiciales de la industria en aquello que les molesta y con la realización de los reglamentos y actuaciones posteriores,  que más bien tranquilizan que inquietan, a los poderosos intermediarios y a la distribución mientatras que por contra, la preocupación de agricultores y ganaderos va en aumento.

Otra cosa es el día a día de las intrigas palaciegas y pequeñas vanidades, prebendas y lisonjas Dar medallas a quien te aplaude mejor o te critica menos,  no debe ser muy difícil. Consolidar y elegir  a dedo como  interlocutores habituales, a supuestos representantes de los agricultores  elegidos por el gobierno y el grupo político que lo sustenta, no debe requerir mucha dificultad y negociar con ellos menos.  Cabe preguntarse  si se concierta,  se escucha, o se  negocia algo  relevante con los agricultores y ganaderos,  o en realidad  se buscan adhesiones a lo que desde el ministerio se ha decidido hacer o se ha pensado que “quedará bien” ante los medios de comunicación.

Si no fuera así,  con la que “está cayendo” en el sector, habría manifestaciones quejas y protestas todos los días. Pero esto con honrosas excepciones no ocurre, quizás  porque  el campo está cada vez más lejos de Atocha,  la gente está cansada y envejecida,  pero también porque se han buscado formulas desde el poder,  para que exista un grado razonable de satisfacción y de supervivencia económica e institucional a las organizaciones agrarias y cooperativas. Puede que se deba a una injustificada exclusividad en la concesión de determinadas ayudas o  soportes económicos  o de interlocución. También puede que haya ayudado, al bienestar cotidiano,  el haber aplazado “sine die”  la convocatoria de elecciones  al campo, con la complicidad  de  los interlocutores habituales y para que estos y los otros se sientan seguros y  las manifestaciones y quejas  no abunden, aunque el poder adquisitivo del mundo rural baje.

A   pesar de esos vericuetos palaciegos y regates en corto de la política pequeña;  la vida real del sector es que  la renta agraria ha bajado, que de las ayudas  PAC muchos agricultores van a cobrar menos y que la aplicación del nuevo sistema y la recogida de datos y declaraciones esté suponiendo un verdadero calvario, todo eso en las urnas suma o resta. Además no llueve – y aunque la ministra no tenga ninguna culpa de ello-  la cosecha de cereales se resiente y mucho.

Lo cierto es que frente a la actitud arriesgada de Arias Cañete,  que quería cambiar muchas cosas en el sector y a la vez  sabía tomarse unos chatos y decir cuatro chascarrillos a los socios de una cooperativa en un acto de un pueblo de la España profunda. García Tejerina ha optado por  la comodidad de no abrir frentes nuevos, no molestar mucho a los poderosos,  a la vez que se ha apuntado a la comodidad de una interlocución de opereta,  haciendo uso de las prácticas habituales de las mayorías absolutas y el bipartidismo  de los últimos años.

Estamos en un país en el que están cambiando las cosas y esa forma de proceder, pasa factura lo dicen  las urnas también las de los pueblos más rurales y agrarios. Así lo afirman hasta  los propios varones del PP que más votos siguen conservando y que por lo que se ve, tienen dos dedos de frente.

El perfil que mucha gente le asigna a García Tejerina,  un perfil de técnico, es exactamente lo que no necesita ahora mismo Mariano Rajoy en este ministerio para intentar salir del hoyo,  pero seguro que las empresas del IBEX y el grupo PRISA la recomendarán. Doctores tiene la iglesia.

Buena semana a todos

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