EL PICOTAZO: Politicos con fecha de caducidad

Hace unos días el Ministerio de Agricultura presentó el informe anual de 2016 de la alimentación en España. A mi juicio es siempre un informe interesante, aunque últimamente lo es más por las cosas que se traslucen del mismo, que por las que el propio ministerio destaca. En este tipo de Informes, son los políticos, los que acaban diciendo que es lo que hay que resaltar y las cosas sobre las que hay que poner el acento y destacar en titulares. La idea es venderle siempre a la ciudadanía que todo va bien, que las cosas continúan mejorando y que vale la pena seguir votando a los mismos que nos presentan el informe. Estamos acostumbrados a ver como los trabajos de los técnicos y los científicos se manosean y se retuercen hasta lo inverosímil. Este año y este informe no han sido una excepción.

El falso aumento del consumo

Con la frase “aumenta el gasto en consumo de alimentos” nos venden una pequeña verdad a la vez que nos colocan una tremenda mentira. Esto es asi ya que el supuesto aumento del gasto en alimentos en los hogares españoles el último año que nos resaltan en titulares, se queda cuando entramos al fondo de la información en que sólo aumento un ridículo 0,1% en dinero, pero como los precios de los alimentos subieron bastante más, los consumidores se vieron obligados obtener menos alimentos aun gastando mas dinero. O sea, los consumidores perdieron capacidad de compra, y la industria y la distribución les vendieron más caro en 2016 que en el 2015.

Pero es sólo una cara de la moneda, la otra que tampoco se resalta, ni se destaca es que los alimentos, esos que subieron de precio aproximadamente un 0,8% fueron pagados a los productores un - 3,6% por debajo del año anterior. Conclusión, si compran más barato y venden más caro a “alguien” (como diría Gila en su squech del detective) le ha ido mucho mejor que a productores y consumidores en el año 2016 con la alimentación.

Lo grave es que no ha sido una casualidad, porque algo muy similar ha ocurrido en los años anteriores y o sea que esto ya es una tendencia. Claro está que a la remesa de políticos que nos gobierna - nunca debemos olvidar que por voluntad propia,  pues les votamos- no les conviene resaltar esos hechos, porque significaría que las cosas no van tan bien, que los consumidores han tenido que pagar más para obtener menos y que alguien los últimos años les está robando la cartera poco a poco y a “la chita callando” .

Cadena alimentaria, una Ley que no funciona

Mal quedaría el partido en el gobierno y esta ministra,  si los datos en la alimentación española demostrasen como, así ocurre, que la Ley “estrella” de su mandato La Ley de la Cadena Alimentaria está resultando un fiasco y no cumple con sus objetivos.

Es una ley que se nos vendió en sus inicios, como la que iba a equilibrar el reparto de beneficios entre todos los eslabones de la cadena alimentaria, acabando o reduciendo los desequilibrios en la misma. Pero vemos como tras tres años de su aplicación, esos desequilibrios aumentan y se consolidan perjudicando como siempre a los más débiles, en este caso a los consumidores y a los productores.

No es una casualidad, es el resultado de aprobar una Ley capada desde sus inicios por Economía que no toleró a lo largo del proceso de su aprobación en el congreso, que los diputados del grupo mayoritario aceptasen definir la posición de dominio en la cadena alimentaria y que su abuso se castigase en los reglamentos de aplicación posteriores. ¿Casualidad?

Con una Agencia como la AICA atada de pies y manos, con un presupuesto y  una legislación estatal y autonomica que sólo le permite actuar en lo anecdótico y en las pequeñeces;   Las grandes empresas de la industria y la distribucion, los eslabones más fuertes de la cadena alimentaria, campan a sus anchas haciendo caja y deshaciéndose en halagos sobre la ministra y su equipo. Normal.

No tire alimentos, no pregunte, compre y consuma,  que nosotros  seguimos haciendo caja

Ahora para completar el circulo, se nos han apuntado en nuestro ministerio a la loable causa de evitar el desperdicio de alimentos. ¿Quién está en contra evitar que desperdicien alimentos? Nadie, todos estamos a favor de que no se tire comida a la basura. Si además nos aderezan los argumentos con las cifras mundiales de alimentos desperdiciados mientras nos hablan del hambre en el mundo y nos muestran en los medios de comunicación la imagen de un niño africano literalmente en los huesos, se nos pone la carne de gallina y se nos encoge el corazón por nuestra culpabilidad. Pero ¿quién no ha tirado una lechuga pocha o un yogourt caducado? Todos lo hemos hecho. Bueno todos no, Cañete decía que se los comía.

Tras hablar con un amigo que entiende estas cosas, me ha dicho: “no seas ingenuo Álvaro, si la gente supiera lo que se hace con la leche en brick que caduca……..” ¿pues qué se hace, se tirará no? pregunté yo ingenuamente; a lo que me respondió: “Pues meterla en otro brick con una fecha de caducidad renovada”. Yo no salía de mi asombro cuando sentenció: “pero eso tiene un alto coste, por eso hay empresas que la venden más barata, cuando está a punto de caducar, aunque con eso se les va el beneficio”.

¡Ojo al dato con estas campañas! Quedémonos con lo importante, pero estemos muy atentos al “gato por liebre” , no vaya a ser que lo que estén queriendo “colocarnos” es que , lo que antes eran fechas de caducidad, luego fechas consumo preferente, después sea sólo algo orientativo y acabemos con algo como lo siguiente: “Fecha de caducidad: usted cómprelo, páguelo y cómaselo luego veremos cómo le va”.

Cuidado con el apoyo a causas supuestamente loables de alimentos que caducan menos ..… en poder de la industria y la distribución; porque así, siguen siendo aptos para el comercio y supuestamente para el consumo. Eso sí, llenos de conservantes, espesantes, saborizantes, antioxidantes y letras E- seguidas de números que nadie entendemos y que no caducarán hasta que las ranas tengan pelo.

Me temo que vienen tiempos en los que muchos quieren que sean nuestras neuronas y nuestro sentido común y nuestro espíritu crítico los que caduquen, para que ellos permanezcan engordando sus cuentas de resultados, ayudados por sus peones en puestos influyentes de la sociedad y del gobierno más pensando en sus puertas giratorias que en el servicio real del ciudadano.

Y digo yo, cuando un político empieza a cambiar de olor –comienza a oler a podrido-, o de color -cambian los ideales que nos prometieron aplicar en el gobierno- o se empiezan a hinchar -como los envases que tienen productos en mal estado- ¿No deberíamos aplicarles una fecha de caducidad inmediata? ¿Por qué superada esta no podemos tirarlos a la basura sin complejos?

Buena semana a todos

Alvaro Tapia

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