El Picotazo: Una agricultura y ganadería sin rumbo

Desde poco después de la llegada de la democracia, es decir desde  los tiempos de Lamo de Espinosa y Carlos Romero en el Ministerio de Agricultura, el sector agropecuario se ha ido perfilando a golpe de improvisación, oportunismo y sometido a los objetivos presupuestarios momentáneos y circunstanciales del ministerio de economía de turno. Esto y la falta de planificación inicialmente del estado y después las de las Comunidades Autónomas han transformado a la política agrícola española en un barco a la deriva, sin rumbo, ni dirección y en un sector sin objetivos definidos.

Aparte de las directrices comunitarias, los agricultores y ganaderos españoles, no sabemos si lo bueno para la sociedad es que produzcamos, por ejemplo,  muchos forrajes, o que pongamos mas tierras en regadío, o que por el contrario el objetivo debe ser fomentar la producción ecológica,  el barbecho y el secano. No sabemos si sería mejor para el conjunto del país que plantásemos mas viña u olivar, o sembrásemos producciones que requieran mucha mano de obra, porque reducir el paro es fundamental para nuestra sociedad. A juzgar por la politicas existentes es bastante indiferente.

A favor de la libertad económica y de la elección de cada agricultor o ganadero en su explotación, a la hora de planificar su futuro, no debe olvidarse también de que cualquier país desarrollado, marca por la vía de los incentivos en la fiscalidad,  en la normativa de ayudas y en las leyes sus preferencias productivas. Estas pueden ser  a favor de un mayor auto consumo,  hacia la diversidad productiva o hacia una mayor exportación, todo ello  en función de unos objetivos generales de su economía y de su sociedad.

No creo que planificar sea atenerse a un proyecto quinquenal y obligatorio definido por el estado, sabemos que ese modelo de economía agraria practicada en los países del antiguo telón de acero ya está fracasado. Pero tampoco creo que  ir al tun tun  plantando  frutales o viñedos un decenio,  para quitarlos al siguiente,  -cuando deberían estar  en plena producción-  no nos conduce más que a la ruina generalizada de agricultores, por más que algunos pocos bolsillos de viveristas y exportadores se llenen con eso.

En España llevamos 30 años “a salto de mata” arrancamos viñedos si la UE decide pagar por ello,  o los ponemos si paga por reestructurar los viñedos viejos. Ponemos cultivos de regadío sin concesión de agua,  o las Confederaciones Hidrográficas dan más concesión de agua  cuando no disponen  de ella y esto es solo por poner algunos ejemplos.

La planificación que sí hizo Lamo Espinosa para los primeros años de la democracia española en el sector agrario -muy avanzada para la época- nunca llego a ponerse realmente en marcha, así se quedó inactivo el  “Estatuto de la explotación familiar y de los jóvenes agricultores” por contra las cuotas lácteas que Carlos Romero nunca pensó que se impondrían en la unión europea,  han estado vigentes durante muchos años hasta su reciente supresión.Por una cosa y por otra hemos pagado un alto precio.

Las consecuencias de no planificar pensando en los intereses generales sólo las pagamos los agricultores y ganaderos en primera instancia,  después  también las pagan los ciudadanos. Si la mayor parte del beneficio económico y creación  de empleo que genera el creciente consumo de lácteos en España  -leche, yogures, helados, quesos, natillas y derivados, se queda en los bolsillos de los ciudadanos de la república francesa,  que es lo que está pasando, no es lo mismo que si se quedasen en los ciudadanos del Reino del España … pero para que eso cambie,  tiene que ser consciente la clase empresarial española y tiene que querer cambiarlo. Vemos sin embargo  la representacion de nuestros grandes empresarios preocupados por si el estado les concede más dinero para que su  estructura, haga mas o menos cursos de formación, o por bajar los salarios de los trabajadores.

Para cambiar esta realidad  los señores que gobiernan el país tienen que, entre otras cosas,  dejar  de hacerles tanto “la pelota”  a las multinacionales y antes de concederles privilegios fiscales, cesiones de suelo gratis, etc etc  deberían cerciorarse de  cuanto empleo y dinero dejaran  realmente en los bolsillos de los ciudadanos y durante  cuánto tiempo.

En el marco que permite la normativa comunitaria,  que es muy amplio, habría  que dedicarse a trabajar para que los consumidores españoles puedan, conocer, distinguir y preferir “lo nuestro”,  lo producido aquí, y que lo hagan no “ a lo tonto” sino por razones de calidad, precio, proximidad y como una buena  manera de crear y repartir  la riqueza de todos los que estamos en el país.

La clase política, el mundo empresarial  y las instituciones que representan a los ciudadanos deberían conseguir que las entidades financieras radicadas en España inviertan y financien nuestros proyectos,  en lugar de dedicarse a comprar bancos fantasmas en Miami  o a vender al postor que nos quiere eliminar como competencia, las acciones de nuestras compañías aéreas…. En fin,  parece imprescindible la necesidad de planificar mirando  mucho más  por nuestros intereses, sabiendo que estamos en un mundo con cada vez menos fronteras y rodeados por un poder financiero especulador y omnipresente, pero  precisa y exactamente por eso hay que hacerlo.

Resulta ridículo volver a ver si gobierna la derecha,  que cuando se acaba la legislatura recuerden en Murcia, lo bueno que sería un trasvase del Ebro hacia levante,  mientras la izquierda aragonesa y los nacionalistas catalanes vuelvan a recordar,  como en los últimos 30 años,  que eso no va a ocurrir nunca,  nunca jamás;   con el trasvase del  Tajo-Segura ídem de los mismo y suma y sigue.

Se dice,  que nunca hay  buen puerto para el marinero que no sabe a dónde se  dirige. Me temo que ese es uno de los mayores problemas de nuestro país “en general” pero desde luego es así en el sector agrario. Hace falta que las instituciones que tienen las competencias de la agricultura y la ganadería junto con las encargadas de la orientación general económica del estado, tras escuchar a los profesionales del sector agroalimentario, cojan la brújula y marquen un Norte.

La diversidad de realidades sociales, de climas, de  agriculturas, y de producciones, junto a la  riqueza medioambiental y gastronómica de nuestro país,  no nos exige,  ni sería posible, ni aconsejable, que  todos tengamos que ir en la misma dirección,  ni hacer lo mismo. Es muy posible que la mejor orientación para una comarca sea la agricultura ecológica, para otra una agricultura de conservación del suelo y lucha contra la desertización,  para otra fomentar el regadío y la exportación, o la mejora de la calidad de sus productos y con sus Denominaciones de Origen para otras muchas…

Aún siendo cierto que ya se ha hecho en una especie de selección natural de zonas y producciones, esta,  se ha hecho en no pocos casos,  al servicio de los agobios económicos, de oportunidades del momento y basadas en realidades que ya han sido superadas; por eso estamos rodeados también  de barbaridades agronómicas, de falta de planificación, de zonas donde abunda la sobre-explotación  y de grandes sinsentidos  en el uso de la maquinaria y de los recursos naturales.

Creo que ha llegado el momento de cerrar capítulos grotescos e infructuosos, aquellos que contienen lo peor de nuestra historia reciente y de que nos pongámonos a trabajar planificando hacia el  futuro con seriedad,  rigor económico y sensibilidad social.

La agricultura, la ganadería y el medio rural son parte de esta sociedad y para tener un mejor futuro, va a ser necesario renacer como sociedad, hace falta que la clase política y las personas que nos representan cambien su manera de proceder y de pensar, o nosotros deberemos ser capaces de cambiar esas personas  por otras que tengan mas talla y que  velen por los intereses de todos  en lugar de por los suyos.

Si lo hacemos, los ciudadanos podemos tener futuro como sociedad.

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Comentario por Enrique el junio 8, 2015 a las 1:54pm
Estoy de acuerdo en la base del comentario, pues creo que los gobiernos nacionales deben establecer un criterio social para la actividad agricola y ganadera, además de otras, que beneficien las producciones propias, y que sirvan para competir en buenas condiciones con los productos no nacionales. Un saludo.

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