Hay que valorar la uva y el vino para nuestras DO

Desde siempre, en Cataluña y seguramente en la mayor parte de zonas productoras de España, el precio de la uva y el precio del vino que se ha pagado a la agricultura no se ha diferenciado entre uva y vino con destino mesa y uvas y vino con destino a Denominación de Origen (DO).

Independientemente de si ha habido años de sequía, heladas y granizos, los precios de la materia prima con destino a ser vino de DO, de límites determinados y con una parámetros de calidad superior, han acabado siendo los que en ese momento querían los embotelladores y no los que correspondían a una producción limitada geográficamente y cualitativamente. Por todo ello, defendemos que hay que poner fin a esta situación.

El precio de la uva y del vino para una DO siempre debe ser superior al precio de la uva y del vino con destino mesa. Los últimos precios pagados a los viticultores aún son bajos, se parecen más a los precios del vino sin DO que los precios de vino delimitado geográficamente y que cumple los requisitos de un pliego de condiciones.

Antes, los embotelladores compraban, almacenaban y la iban utilizando cuando lo necesitaban, pero ahora esto ha cambiado completamente. Los embotelladores no quieren gastos de almacenamiento, y por tanto, o bien compran sólo lo que necesitan cuando lo necesitan o bien trasladan los costes de almacenamiento a los productores.

Históricamente, los viticultores hemos producido uva y vino, y después hemos decidido qué destino le podemos dar. Creemos que lo deseable es, cada vez más, de que se produzca para un destino o calidad determinados, preestablecidos. Creemos que una herramienta básica para lograrlo es que ambas partes firmen contratos anuales o, mejor, plurianuales, en los que se establezcan unas condiciones de pago, precio y cláusulas acordados, y que ambas partes se sientan cómodos y con perspectivas de futuro estables y seguras.

El hecho de que los viticultores sepamos que nos piden nuestros clientes, las bodegas elaboradoras y embotelladoras, comportará en muchos casos tener que adaptar nuestras explotaciones a estas exigencias, y en este punto pediremos a la Administración todo el apoyo. Por ello es básica la existencia de los contratos a medio y a largo plazo, que aseguren la compensación económica adecuada para que la relación cliente-proveedor tenga futuro.

Joan Santó

Responsable de la sectorial de vino de Unión de Uniones

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