La UE tiene un déficit de 18 millones de toneladas de proteína vegetal para alimentar su ganado

La Unión Europea tiene un déficit de 18 millones de toneladas de proteína para sustentar su cabaña ganadera. Esa es una de las principales conclusiones que extrae Unión de Uniones tras analizar el balance de proteínas para alimentación animal correspondiente a la campaña 17/18 publicado hoy por la Comisión Europea, que ofrece datos de suministros, demanda, comercio y grado de autoabastecimiento, diferenciando en fuentes de materia prima para piensos. La segunda gran conclusión es que tiene que fomentarse la producción de proteína vegetal en la UE para reducir esa dependencia del exterior… y la mejor manera de fomentarlas es que tanto su cultivo, como la ganadería a la que abastecen, se realicen en términos de rentabilidad, con unos precios justos que compensen los costes productivos.

Las fuentes proteínicas evaluadas en el balance presentado por la Comisión incluyen cultivos (cereales, semillas oleaginosas y leguminosas), co-productos (alimentos basado en soja triturada, colza y girasol, así como materiales ricos en proteínas que resultan de cultivos herbáceos procesados), fuentes no vegetales (proteínas animales, por ejemplo) y forraje (gramíneas, maíz para ensilaje, forraje leguminoso).

Según el informe, la UE necesitó en la pasada campaña un total de 85 millones de toneladas de proteína vegetal para sostener la actividad ganadera, de la cual un 79% pudo obtenerse a través de materia prima producida dentro de la propia Unión Europea. Se trata de una cifra similar, aunque ligeramente superior, a la de pasadas campañas, en las que el grado de autoabastecimiento ha sido también muy similar y en el entorno siempre del 80%.

No obstante, ese grado de autoabastecimiento no es uniforme en función del tipo de materia prima del que estemos hablando. Así, es del 100% para los forrajes, que constituyen además, con un aporte de 37 millones de toneladas de proteínas, el 45% del consumo de nuestro ganado.

Igualmente estamos bien provistos, en el entorno del 90%, en cuanto a granos sin procesar, tanto en cereales, como de semillas oleaginosas y legumbres, que suponen el 22% de la demanda de alimentación; y, de igual forma, nuestras necesidades de alimentación procedente de proteína animal están cubiertas al 99 %, aunque en este caso, solo representan el 3 % de la proteína consumida.

Sin embargo, no sucede lo mismo con la parte de la alimentación del ganado europeo que se basa en alimentos procesados a partir de semillas de soja (sobre todo), girasol y en menor medida, aunque también colza, que junto con otras materias primas (piensos procedentes de otras oleaginosas o de subproductos como la pulpa de remolacha o los críticos) representaron el 31% de la demanda de alimentación animal en la pasada campaña. En este caso, de las casi 26 millones de toneladas de proteína de esta fuente consumidas, solo tienen su origen dentro de la UE algo más de 10,2 toneladas, o sea, el 39%.

Son, fundamentalmente, los derivados de soja aquellos en los que la carencia es más pronunciada, ya que de los 13 millones de toneladas consumidos, sólo 300.000 toneladas, un 2 %, se producen a partir de materia prima de la UE; y estos representaron la campaña 17/18 un nada despreciable 15 % del total de piensos utilizados.

El déficit de determinados tipos de productos para alimentación animal, concentrado sobre todo en aquellos con un contenido en proteína medio de entre el 30% y el 50%, no es una situación coyuntural, sino algo estructural y que se repite campaña tras campaña. De hecho, los balances de producción y necesidades de proteína para la alimentación animal en la UE vienen siendo bastante estables en el tiempo, con las únicas variaciones relativamente poco importantes de que en campañas de mejores cosechas, las importaciones se reducen proporcionalmente. No obstante, las grandes cifras de autoabastecimiento y de porcentajes de participación de cada materia en la alimentación animal se mantienen en el tiempo

Esto ha llevado a la Comisión Europea a publicar en noviembre de 2018, un informe sobre cómo desarrollar la producción de proteína vegetal en la Unión Europea, que ha sido tratado ya en el Consejo de Ministros el pasado mes de enero.

Unión de Uniones considera que cualquier medida de promoción y apoyo a los cultivos proteínicos será bien acogida por el sector. Pero la viabilidad de estos cultivos no dependerá tanto de posibles desvíos a los mismos de alguna ayuda, que acabará sacándose de otros destinos en el que seguramente también será necesaria; sino de crear las condiciones de mercado para que hacer estas producciones sea rentable para los agricultores. Nuevamente, la organización vuelve a insistir en la necesidad de exigir el cumplimiento del principio de reciprocidad en las relaciones comerciales en cuanto a las condiciones de todo tipo que cumplen los productos importados y los de la Unión Europea y también de proteger la propia rentabilidad de la ganadería europea que, finalmente, es quien los consume.

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