A raíz de la escasa subida de las pensiones, el envejecimiento del sector agrario se ha puesto otra vez sobre la mesa. Por ahora, de manera muy tímida. Pero es un tema que está ahí y que va cobrando peso y forma. De momento, para los gobiernos, es aún la silueta de una fantasma, aunque si el fantasma aparece cada noche, llegará un momento que no se le podrá ignorar.

Porque el envejecimiento de este sector se debe, en buena parte, a las bajas pensiones de jubilación que dificultan el natural relevo generacional. Estamos en el punto en que un 36 % de los beneficiarios de la PAC tienen más de 65 años. Y no son los 65 años de un catedrático, o de un funcionario, con todos mis respetos a su trabajo… son los 65 años de quien, en el pasado, ha doblado mucho la espalda y ha manejado maquinaria y herramientas pesadas. Por dignidad, y por seguridad también, no tendría que verse obligado a seguir haciéndolo. Algo que no deberían olvidar los poderes públicos tampoco a la hora de plantear las reglas de juego de la nueva PAC que se va a presentar en breve, y de las que algo ya sabemos por la reciente filtración que nos hace pensar que la nueva PAC, a falta de despejarse muchas incógnitas, podría ir por el buen camino en cuanto a una mejor distribución de las ayudas. Veremos el presupuesto con el que se cuenta y la voluntad política de hacerlo realmente.

En Unión de Uniones, creemos a pies juntillas en los objetivos que se fijaron cuando se puso en funcionamiento la Política Agrícola Común PAC y, entre ellos el garantizar una renta equitativa a la población agraria. Sin este los demás no llegarán nunca, porque no habrá agricultura. Algunas de las fórmulas que se inventaron y aplicaron después, - la PAC del puro mercado - , no nos han acercado a ese objetivo, más bien al contrario. No estamos mejor ni los productores, ni los consumidores. No ha sido una PAC para las personas, aunque se dijera que sí.

Al menos yo lo veo así. Y tampoco pedimos los agricultores y ganaderos más dinero (que dicho sea de paso ya se ha recortado en los últimos años en un 10 %, mientras que se nos han multiplicado las exigencias de todo tipo), sino mantener los recursos actuales y redistribuir mejor lo que ya tenemos. Si así se hiciera, muchos profesionales percibirían más que en la actualidad y muchos agricultores de sofá y especuladores se quedarían a dos velas.

Es verdad que, como el resto de los sectores europeos, también la agricultura y la ganadería se verá afectada por el Brexit. Pero las consecuencias de una decisión política -porque no dejó de ser fruto de una campaña electoral- no debe recaer en mayor medida en los autónomos, las pequeñas empresas y los trabajadores del campo. No sería justo. Las velas que hayan de aguantarse han de ser proporcionadas al palo que cada cual tenga y el de la agricultura no está para muchos embates, ni para más vetos rusos, ni para más ocurrencias del Sr. Trump y su humor vespertino sobre las aceitunas.

Cierto es que no somos una isla, ni estamos solos en el concierto internacional. Pero, precisamente por eso, creemos en una PAC que sea capaz de prever estas crisis y que, si no es posible anticiparse, que disponga de herramientas para responder y minimizar sus consecuencias. Porque hay que preservar el modo en que hemos decidido en la Unión Europea que queremos hacer agricultura, desde el respeto al medio ambiente, al bienestar animal, a la dignidad laboral y a los derechos de los consumidores.

Los redactores de esta nueva PAC, y los políticos que la apliquen, deben ser conscientes y congruentes y proteger ese modelo en cada decisión que tomen, en cada acuerdo que cierren, porque proteger el modelo es hacerlo con los productores y consumidores europeos. Ponerse muy estupendos con lo que nos exigimos a nosotros mismos y levantarle la mano al resto del mundo, es ir en contra de la propia Unión Europea y de su competividad.

Una PAC congruente de puertas para fuera, pero también de puertas para dentro. ¿Es coherente, ni siquiera razonable, cobrar la PAC de mañana por la cara que pusimos en una foto de hace quince años? Pensamos que no. Creemos en pagos directos para quien trabaje en el campo en cada momento y debemos replantearnos cualquier modelo que haga referencia a los derechos históricos. Hay que despatrimonializar la PAC. No hacerlo es desproveerla de su sentido, perseverar en errores ya conocidos y poner palos en las ruedas al sector para que avance en la dirección correcta de desarrollo.

Sobran en la PAC, y no deberían beneficiarse del dinero público, quienes no trabajan la tierra o el ganado y que nada aportan al progreso del sector agrario y medio rural. En nuestra opinión, el criterio que debe imperar en el reparto de ayudas debe ser justo y pensado para las personas; por ello también apelamos a los topes por explotación que tengan en cuenta el empleo que se genera y a los pagos redistributivos para las explotaciones familiares y profesionales modulables según la orientación productiva.

En todo caso, no nos dejemos vampirizar por las ayudas. Con una producción final agraria europea de unos 385.000 millones de euros, los pagos directos representan unos 42.000 millones, frente a un negocio y unas exportaciones agroalimentarias que están en 1,7 billones de euros (1.170.000 millones). Si queremos cumplir el objetivo PAC de alcanzar rentas equitativas a la población agraria, no lo haremos con las ayudas, sino pagando a los agricultores y ganaderos precios remunerativos y justos. Y para ello, falta aún mucho por organizar y por definir si no queremos que unas cuantas industrias y empresas de la distribución, que operan en régimen de oligopolio, sigan gozando de una absoluta posición de dominio en algo tan importante como la alimentación europea y reservándose para sí, en detrimento de productores y consumidores, de las personas, la parte más gruesa del valor añadido generado por la cadena.

Una PAC pensada, sólo, para que los productores le compremos caras las semillas a Monsanto y le demos barata la leche a Lactalis no debe servirnos. Como no debe servirnos tampoco, una PAC, sólo, para que Carrefour o EUROGRUP ganen más cuota de mercado nacional o mundial. Este esquema de marca blanca y bolsillo negro en la que el agricultor cobra poco y el consumidor paga mucho y entre medias miles de millones de euros se pierden en el balance de unos pocos, no nos gusta porque hunde cada año miles de pequeñas y medianas empresas que son estratégicas para el medio rural europeo y para el conjunto de la sociedad.

Así, creemos en una PAC justa, consciente, congruente y hecha para los agricultores y ganaderos, para los consumidores y que comprendan los contribuyentes… para las personas.

Hay tiempo para pelear por esto que decimos, pero hay que hacerlo ahora, hay que trabajar hoy.

Jose Manuel de las Heras Cabañas
Coordinador Estatal de Unión de Uniones

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