Todos tenemos bastante claro que cuando compras una cosa, es tuya. En el caso de las  instituciones, asociaciones, partidos y organizaciones profesionales, puede parecer diferente pero en realidad no lo es tanto.

Muchas veces, nos confunde el hecho de que creemos, que lo que se paga del erario público o sea con dinero de los ciudadanos, es de los ciudadanos, y ahí viene el problema, que no siempre es así. 

En lugar de ser  los ciudadanos los que tienen la llave, o el poder de conceder y de dar acceso a los fondos públicos o en su caso, al bolsillo de los contribuyentes; son los intermediarios, los representantes, los políticos y estos han cogido la mala costumbre de no preguntar a sus electores lo que deben hacer, incluso cada vez con más frecuencia prometen hacer unas cosas antes de ser elegidos para luego, con pintorescas excusas, hacer exactamente lo contrario.

Ejemplos se pueden poner muchos pero vamos a centrarnos en algunos, las organizaciones empresariales deben ser de los empresarios ¿no? Pero ¿los pagan las empresarios? mayoritariamente no. Se financian de los presupuestos públicos para realizar muchas de sus actividades;  igual pasa en buena medida con los sindicatos o los partidos políticos, etc . Estoy convencido de que la parte de sus presupuestos que pagan sus afiliados, no les permitiría mantenerse abiertos en ningún caso. Las cantidades que se conceden para estos fines  son astronómicas, miles de millones de euros, o sea que no es para reírse.

No quiero negar, ni mucho menos, el derecho de las organizaciones a percibir fondos públicos para sus actividades sino criticar lo que se hace en la actualidad y poner en duda  quien, como, cuando y porqué alguien  decide otorgar parte de esos  fondos.

Lo de la igualdad de oportunidades, la concurrencia competitiva y la valoración de los proyectos de forma ecuánime, son en la actualidad frases vacías que no tienen ningún parecido con la  realidad.

El control en muy buena medida lo acaban teniendo los gobiernos, las cúpulas de los partidos y los que elaboran las normas para decidir quién, cómo y cuándo tiene derecho a percibir esa ayuda o subvención.

El problema es que en un sistema de partidos, que se presentan a las elecciones con listas cerradas, son en realidad cuatro  los que deciden a quien tenemos que votar, y esos “elejidos”, si no son absolutamente dóciles, no vuelven a ir en la lista, ni pueden estar en política con un mínimo de relevancia.

Creo que lo que estoy diciendo, la mayoría  lo sabemos y lo tenemos claro, pero no parece que nos hayamos tomado muy en serio hasta ahora cambiarlo. ¡Pues ya va haciendo falta!.

En el caso de los sindicatos agrarios u organizaciones profesionales agrarias la cosa no es distinta.

Durante las dos últimas legislaturas, las que se llaman así mismas organizaciones más representativas (ya veremos si los agricultores votando así lo deciden) recibieron más  dinero público para su funcionamiento y actividades,  que en ningún otro momento de la historia reciente. Sin embargo las rentas agrarias descendieron de forma importante- según ellas mismas más de un 20%-. Pero nadie se rasgó las vestiduras y tras alguna que otra protesta puntual, aquí paz y después gloria.

Si no nos gusta este sistema, si no queremos  que los amos de las  OPAS, sean los que publican el Boletín Oficial que  las sostienen económicamente a través de los presupuestos generales, deberemos hacer algo al respecto.

Los agricultores tenemos que desatolondrarnos que ya va siendo hora de que espabilemos, porque, no puede ser que por desidia, o porqué nos  hagan una solicitud  de la PAC  y no nos cobren, o nos inviten a cuatro comilonas, acabemos entregándole nuestra alma al diablo.

Ha llegado la hora en que veamos que las organizaciones profesionales no se mantienen del aire  y “a mí me vale con que me hagan los papeles baratitos o gratis”. Queremos ahorrar con el chocolate del loro, o sea la cuota del sindicato,  mientras nos gastamos miles de euros, o los dejamos de percibir, por estar mal representados. Mi propuesta es que paguemos y exijamos.

Nos están montando, con las interprofesionales un sistema, muy parecido al del sindicalismo vertical, con el que  vamos a pagar si o si y el dinero nos lo descontara la industria que lo administrará con algunos espabilados, “por nuestro bien”.

Algunos- cada vez somos más- vamos apostando por organizaciones que nos parecen distintas y que aún con pocos recursos públicos  y las cuotas de sus afiliados, sobreviven a base de tesón y voluntad. Su  fuerza real para defender a los agricultores y ganaderos dependerá de nosotros mismos y no del ministro ni de los cursos que pueda llegar a dar.

 Lo que en realidad  hacen con las organizaciones, muchos agricultores   es como si en nuestras explotaciones, para ahorrar gastos en  cualquier cultivo, decidiéramos  evitar la recolección; por lo tanto no recogeríamos nada.

Pagamos la electricidad, el gasoil,  los abonos, las semillas  y buena parte de la maquinaria bastante más caras de lo que valen. Después de que  se nos va una millonada, por ahí,   aceptamos que nos compren muchos de nuestros productos a precios de ruina, por debajo de los costes de producción… pero eso si nos ahorramos la cuota que nos permitiría tener  un buen sindicato, independiente y honesto que nos defienda hasta las últimas consecuencias.

Dejamos en manos de cuatro aprovechados, o en el mejor de los casos de  gente que sobrevive como puede, o a base de subvenciones públicas, la representación de nuestros intereses.

Asi nos va

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