El año que termina ha sido un año lleno de contradicciones y un mal año para la mayoría de los agricultores y ganaderos, baste decir que la renta agraria ha bajado más de un 7% como consecuencia básicamente de la bajada de los precios, aunque no solo por ello, ya que la sequía en parte del país y el veto ruso tampoco han ayudado nada a mejorar las cosas. El ministerio parece que intenta quitarle importancia al dato, refiriendo la renta “a los ocupados” para que así  parezca que sólo baja un 4 %.

 Si esta cifra de bajada se produjera con un gobierno de izquierdas,  la organización agraria Asaja, seguramente seguida de las otras dos,  estaría de manifestaciones con los tractores en Madrid por la Castellana,  anunciando la ruina del campo.

Ha sido un año además, en el que ha bajado mucho el petroleo, pero poco el gasóleo y ha subido por dudosas razones la energía eléctrica, los datos de robos en el sector agrario se mantienen en unas cotas absolutamente inaceptables e incluso alarmantes en algunas comunidades.

También este año hemos cambiado de ministro. Vimos como Arias Cañete se subía un día de  mayo -de campaña electoral- a un tractor  para después abandonar definitivamente el sector agrario y aceptar nuevas responsabilidades políticas en Bruselas. Cañete, no obstante,  nos dejó  a su paso por ese ministerio algunas leyes que bien desarrolladas y aplicadas podrían ayudar a mejorar la transparencia en este sector.

Por una parte,  una mayor  transparencia en la  evolución de los precios a través de la cadena alimentaria,  con la ley aprobada y que pretende ayudar a regular la misma; mientras que por la otra, y con con la Ley de Representatividad  de las Organizaciones Agrarias, se permitiría hacer una consulta a los agricultores y ganaderos para que elijamos las organizaciones  que nos representen y salir de lo que él ex ministro, denominó “el corralito” agrario.

La verdad es que yo no sé, si ese término lo usó relacionándolo con la falta de libertad  que se produjo en argentina en algunos momentos del pasado, o por el presumible grado de domesticidad y  apesebramiento  de las tradicionales organizaciones agrarias, ante las administraciones.

Lo cierto es que tengo la impresión -y noticias en este sentido  han aparecido en los medios- de que los industriales y la distribución están presionando contra la aplicación de los artículos más positivos de la Ley de la cadena Alimentaria, a la vez que  las OPAS del “corralito” han presionado por otro,  para que no se haga la consulta electoral. En resumen que entre unos y otros pueden dar al traste con las buenas intenciones y los supuestos logros de  esta legislatura del PP en los asuntos agrarios.(De la PAC ya hablaremos)

Claro que esto sólo sería posible si además, a lo largo de la legislatura se hubiera reducido  el  presupuesto de inversiones productivas del ministerio,  hasta límites ridículos -cosa que por cierto ya ha pasado-  y si además  tuviéramos ahora una ministra, que ante las presiones de unos y otros,  opte por ser débil con los fuertes;  a la vez que prefiere,  en lugar de la democracia en el campo, gobernar con la comodidad que proporciona el servilismo y la complacencia de las opas que se oponen a la consulta electoral….. aunque baje la renta agraria.

Buen 2015 a todos

 

 

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